martes, 1 de diciembre de 2015

.- fall in love 2º temporada .- 2 3 4 y 5

Capítulo 2
Dio un largo suspiro al percatarse de que realmente tenía un día para disfrutar de la compañía de sus amigos, y que luego los dejaría de ver tres meses. Se sintió tonto, tampoco debería haberlos apartado tan bruscamente de su vida durante los últimos tres meses. Pero tampoco se sentía bien para estar con nadie. Quería estar solo, pero necesitaba hacer un esfuerzo y disfrutar antes de hacer su viaje. Tomó su celular, que prácticamente lo usaba solo para algo realmente necesario, y marcó el número de Isaias.
-¿Tom? –preguntó un poco confuso -¿pasa algo?
-¿Estás ocupado? –preguntó el chico de rastas rubias.
-En realidad no, o sea planeaba salir con los chicos, pero eso –dijo Isaias un tanto confundido, hace mucho que Tom no lo llamaba.
-Yo quería saber si podríamos salir los cinco, hacer algo interesante… ya sabes, mañana me marcho a Nueva York y desearía estar con ustedes… -musitó Tom. Se mordió el labio
-¿Enserio? –Isaias se sorprendió, Tom prácticamente se había esfumado de su grupo de amigos, claramente todos entendían el porqué, pero le alegraba también que quisiera estar con ellos –llamaré a los chicos para organizar algo, y te llamo.
-Claro –dijo Tom –y… gracias.
-Por nada hermano.
Tom miró el techo de su habitación. Esas ganas de llorar volvían otra vez. Día a día se decía que lo superaría, fingía frente a su familia y se encerraba en la habitación, si no estudiaba, lloraba o hacía algo sin importancia. Su vida era una rutina, una poderosa y consumidora rutina. Odiaba en lo que se estaba convirtiendo, pero realmente necesitaba de ___ para salir del hoyo en el que estaba. Su teléfono comenzó a sonar.
-¿Isaias?
-En media hora en casa de Gustav ¿sí? –preguntó algo desconfiado Isaias. Quizás Tom terminaría por arrepentirse.
-Allí estaré –prometió.
Fue al baño a mirarse al espejo. No lucía del todo bien, había estado llorando. Suspiró, se lavó la cara. Lucía relativamente mejor. Fue hasta su habitación, revisó sus bolsillos en busca de sus documentos, y entonces de su billetera, se cayó una foto. La recogió y ese nudo en la garganta volvió de forma inmediata. Era la foto de ella. Sonreía, y esa alegría que transmitía también llegaba a sus ojos. Dolía, que fuera tan linda y dolía que la extrañara tanto. La guardó, sin antes darle otro vistazo.
-Supéralo Tom, hazlo –se dijo a si mismo. Se sentó en la cama, con las manos en la cabeza. ¿Desde cuando para él había sido tan difícil superar a una chica? La respuesta siempre era la misma, desde que conoció a ___ y se enamoró de ella.
Pasó un tiempo, y se dispuso a ir a la casa de Gustav. Lucía mejor cuando se vio en el espejo. Tomó el auto y manejó hasta la casa de Gustav. Se bajó y tocó el timbre.
-¡Tommmm! –Georg le sonrió y le dio un corto abrazo al verlo. Tom sonrió, realmente los extrañaba. –ven, estamos en el patio trasero.
Caminaron hasta allí, y estaban sus amigos reunidos riéndose y charlando. La nostalgia lo invadió y se sintió totalmente estupido al haber dejado a sus amigos, al fin y al cabo, ellos eran uno de sus mayores apoyos ahora.
-¡Llegó mi novio! –Isaias se levantó a abrazarlo divertido. Se rieron.
-chaysito, aquí no. –ambos se rieron.
-Hola Tom –dijo Gustav también dándole un abrazo corto. Liam también lo saludó sonriente, ellos también extrañaban a su mejor amigo. Se sentó y Georg le ofreció una cerveza, aceptó con una sonrisa.
-Gustav y yo apostábamos –comentó Liam –le aseguré que no resiste una semana sin sexo, y el dice lo mismo de mí. 
-¿Y cómo sabrán si están o no teniendo sexo? –preguntó Tom frunciendo el ceño.
-Se irá a quedar una semana a mi casa, y estaremos juntos en todas partes –dijo Liam orgulloso.
-¿El premio es…? –preguntó Tom arqueando una ceja.
-Si yo gano, Liam lavará mi ropa sucia todos los viernes hasta que tú vuelvas de Nueva York –dijo Gustav orgulloso de sí mismo.
-Si yo gano, el osos tendrá que limpiar mi habitación una vez a la semana hasta que tu vuelvas –dijo Liam sonriendo.
-Son unos idiotas –dijo Tom divertido –las apuestas no son sanas.
-Y lo dice uno con experiencia –agregó Georg. Tom lo fulminó con la mirada, y Georg miró hacia otro lado.
-¡Tom, eres un cínico! –dijo Isaias -¡tu apostaste con Georg a que te tirabas a la maestra de matemáticas! –dijo Isaias. Los otros cuatro lo miraron fijamente, pues todos habían entendido desde un principio a lo que se refería Tom.
-Oh sí Isaias, eres un genio, descubriste América. –dijo Tom rodando los ojos.
-No, ese fue Colón ¿cierto? Christopher Colón. –dijo sonriente.
-Eh Chay, se llamaba Cristóbal –musitó Liam.
-Es casi lo mismo –dijo Isaias rodando los ojos –bueno, el tipo ese.
-Y Tom luego fue tan honesto que no aceptó el premio –dijo Gustav burlón.
-Siempre he sido honesto querido oso–dijo Tom palmeándole el hombro al rubio.
-Sí, pero le convenía más a Georg, pues no puede vivir sin su moto, y Tom terminó tirándose a Smith como cinco veces –se burló chay. Tom le dio un manotazo.
-Siempre le gustaron mayores –susurró Liam, que también recibió un manotazo de parte del de rastas de ojos ambar.
-En fin ¿cambio de tema? –dijo Tom exasperado, pasándose la mano por el cabello mientras miraba al suelo.
-Bueno, ¿a qué hora tienes que estar en el aeropuerto mañana? –preguntó el rubio, Tom suspiró, agradecido de que no fuera el mismo tema anterior, o algún tema que se acercara al nombre de ____.
-El avión parte a las 8 am. Debo estar a las siete –dijo frunciendo el ceño –así que, hoy es la despedida…
-¡Ay, rastitas se nos va! –dijo Georg divertido –bueno, te irás a Nueva York, te divertirás, harás muchas idioteces, lo sé.
-Nos contarás como son las americanas ¿cierto? –preguntó Gustav haciendo un pucherito.
-Gustav, le contaré a Jazmyn acerca de esto –dijo Liam con una gran y burlona sonrisa de suficiencia.
-Lo haces, y le cuento a Angie que le miraste el trasero a su mejor amiga –dijo el rubio con tono amenazante.
-¡Pero si tenía bonito trasero! Tú también se lo miraste- dijo enfadado.
-Pero no es la mejor amiga de mi novia –dijo Gustav divertido. Liam frunció el ceño.
-Pero el de Angie es mejor –dijo Liam finalmente. Todos se rieron. Tom casi ni había tomado de su cerveza, así que tomó un sorbo mientras los miraba divertido. Pero pese a todo, se sentía mal. Los chicos hablaban de sus novias, mientras él pensaba en su ex, rogando que regresara. Quizás Estados Unidos lo ayudaría un poco con el tema, quizás necesitaba cambiar de aire. Pero no, el destino otra vez le jugaría una mala pasada. Se despidió de sus amigos con un emotivo abrazo cuando se hizo tarde, había reído y la había pasado como hace mucho tiempo no lo hacía. Todos los chicos le dijeron que necesitaba cambiar de ambiente, y también lo abrazaron fuerte, sin dejar de decirle que se cuidara y se portara mal. Tom sonrió, extrañaría a esos idiotas.
Pero Estados Unidos finalmente le haría cambiar de ambiente, pero no
como el creía.

Capítulo 3
Cuando despertó, se dio cuenta que la alarma había sonado más tarde y tuvo que correr prácticamente con su madre, su hermana y su padrastro al aeropuerto. Tomaron un café, pues no habían llamado a abordar aún, así que no se habían atrasado tanto.
-Hijo, me llamas todos los días ¿oíste? –Tom sonrió, su madre exageraba un poco pero le parecía agradable que su madre se preocupase tanto de él.
-Claro mamá –aseguró el muchacho.
-Ten cuidado, intenta pedir instrucciones si quieres salir Tom, existen lugares que no son demasiado buenos en Nueva York –dijo Gordon. Tom asintió mientras comía un muffin que había comprado.
-E intenta portarte bien enano –dijo Jenna sacudiéndole las rastas a su hermano, quien frunció el ceño. Jenna le sacó la lengua divertida.
-Pasajeros del avión A-345 destino a Nueva York, favor comenzar abordar el avión –Tom observó su pasaje y era efectivamente el de él. Se comenzaron a levantar para acompañarlo hasta la zona de abordaje. Su madre sonreía con cierta melancolía, su pequeño bebé emprendía un viaje a otro continente solo. Se daba cuenta que pronto el se haría todo un hombre y ya no tendría que cuidar de él. Era triste pero a la vez la hacía feliz pensar cuanto había crecido. Y deseaba que su vida mejorara, porque como veía a Tom ahora, no sentía que el tuviese la suficiente fortaleza y madurez ahora para enfrentar el mundo solo. Quizás no hubiese pensado lo mismo un par de meses atrás cuando él y ___ estaban juntos. Ella lo hacía cambiar, lo hacía ser un hombre maduro y enamorado, que amaba la vida pero era prudente. Pero sin ella, y ese abrupto término, no confiaba en que Tom pudiera enfrentarse al mundo solo. Aún así, no iba a decir nada e iba a dejar a su hijo emprender uno de sus primeros viajes solo, lo haría madurar y lo haría extrañar las cosas hermosas que tiene en su vida.
-Te quiero hermano –le dijo Jenna al de rastas –cuídate ¿sí? Y bueno, sabes que las cosas mejorarán de una forma u otra –le sonrió. Tomm asintió con un nudo en la garganta.
-Tom, cuídate, y recuerda todo lo que te dije –abrazó a su padrastro, y le sonrió, haciéndole saber que tomaría en cuenta sus sabios consejos.
-Hijito, te quiero mucho –su madre besó su mejilla –cuídate mucho, estudia, y por favor intenta volver a sonreír, pero esa sonrisa sincera que siempre adornó tu rostro. Cuando el destino nos depara algo que realmente nos pertenece, tarde o temprano vuelve, si no, significa que jamás fue tuyo. Pero la vida es así, solo tienes que ser fuerte y saber enfrentarlo. Te quiero –se abrazaron. Tom le besó la frente a su madre, y se dispuso a abordar.
Se sentó junto a la ventanilla, y cuando el avión partió se puso sus audífonos. Sonó la canción que lograba destruirlo antes de que ____ se enamorase de él- Need you now de Lady Antebellum llenaba sus oídos y lo hizo llorar sin tener que escuchar siquiera el coro. Siempre le hacía recordar a ____, bueno, realmente todo le recordaba a ella. Se preguntaba si ella pensaba en él, como él pensaba en ella. Si cruzaba su mente cada recuerdo con él, pero no tenía la respuesta. Aunque ella estuviera lejos, el se sentía mejor creyendo que ella pensaba en él, que lo extrañaba. Le gustaba convencerse pensando que la decisión de irse no tuvo nada que ver con él, pero claramente era un poco difícil convencerse de aquello.
Miró por la ventanilla las nubes que pasaban bajo ellos. Sonrió a medias, mientras una lágrima caía por su mejilla. Recordó entonces su primer beso con ella. Aquel día borrachos, era algo tan claro en su mente, pese a que su ebriedad era bastante notoria ese día, pero jamás olvidaría la primera vez que tuvo sus labios sobre los de ella. Recordó con una estupida sonrisa cuando él por fin le dijo todo lo que sentía, y se besaron, todo parecía tan irreal. Era un sueño, y terminó como tal, rápido y sin mucha explicación. Pero el recuerdo más doloroso, era el de su primera vez con ella. Sonrió otra vez al recordar su torpeza, luego de haber tenido bastante experiencia en el tema, al tocarla. Era como si jamás hubiese tocado a una chica. Pero es que ____ era diferente a todas las demás, era única y la gran diferencia, era que él la amaba. Ni la chica con el mejor cuerpo o la chica más linda, o la con mayor experiencia, podría compararse a lo que sintió ese día. Haberla deseado tanto tiempo, y haber estado con ella de forma tan íntima, con aquella confianza que siempre existió entre ambos, aunque sin dejar de ser un momento algo embarazoso en un principio, le hacía sonreír al recordarlo. E incluso, la piel le quemaba al pensar en aquellos toques, y en la sensación de haber tenido su cuerpo tan cerca… haberla hecho suya, no creía que podría existir una mejor sensación en el mundo. Y deseaba que ella fuese la última mujer a la que tocaba, deseaba que fuese la mujer que despertara día tras día con él. Pero no, eso ya no era posible, realmente debía dejar de hacerse ilusiones, más aún ahora que estaba en camino a USA y que probablemente jamás volvería a verla o que cuando lo hiciera, sus vidas habrían cambiado al cien por ciento.
El avión aterrizó varias horas después. Tom descendió perezosamente, había dormido casi todo el camino y realmente se sentía cansado. Tomó el papel en que estaba escrito todos los datos y se dirigió a tomar un taxi.
-Buenas tardes, necesito ir a esta dirección –dijo mostrándole el papel.
-¿Aleman cierto? –preguntó el conductor, un hombrecito calvo y con bigote.
-Sí –dijo Tom con una sonrisa.
-Tu acento te delata –dijo divertido el hombre –bueno, te llevo enseguida.
El resto del viaje fue en silencio. Cuando llegaron, Tom. Que había aprendido algo de las equivalencias de los dólares americanos, pagó al taxista y bajó frente a un edificio. Entró a la recepción algo confuso aún.
-Hola buenas tardes, soy Tom Kaulitz Trumper y tengo un departamento rentado –dijo mostrándole los papeles de la universidad.
-Un momento –dijo la mujer rubia que estaba tras el mostrador. –ah si señor Kaulitz, está todo rentado para usted, apartamento número 18, aquí está su llave –dijo sonriendo.
-Gracias –dijo con una sonrisa. Subió su maleta, y encontró su apartamento en el tercer piso. Entró era bastante amplio. Constaba de dos habitaciones, dos baños, la cocina, el comedor y la sala de estar. Era bonito y sencillo, piso de madera, las paredes pintadas de un blanco perfectamente limpio que iluminaba el lugar. Entró y revisó algunas cosas, y luego fue y dejó su maleta en la habitación. Se lanzó sobre la impecable cama, y miró el techo. Suspiró ahora si que estaba solo. Se sentía extraño, pero a la vez podía estar tranquilo y comenzar quizás a superar todo lo que había sucedido. No notó cuando, pero se quedó profundamente dormido sobre la cama. Tenía que ir al día siguiente a anotarse en la universidad de Nueva York, con todos los papeles del intercambio, pero esa noche, solo necesitaba un largo descanso.

Capítulo 4
Luego de haber preguntado a cuatro personas diferentes, por fin encontró el lugar. La recepcionista fue amable, al igual que el director y la gente que recibió sus papeles y le dejó el trámite del intercambio hecho. Al día siguiente comenzaría las clases. Le parecía que la gente de Nueva York no era tan mala como decían. Aunque en la calle la gente era mucho menos amable. Fue a tomar un helado, aunque no hacía demasiado calor, tenía antojado un helado de chocolate. Compró uno y caminó por el Central Park despreocupado, mirando a su alrededor realmente emocionado y fascinado, mientras conocía la ciudad. Aunque otra vez aquel desgarrador sentimiento de melancolía volvía a él, imaginando lo que sería estar viviendo aquella experiencia con _____, de la mano, caminando, mirando las ardillas que corrían entre los árboles y subían por los troncos, mirando a su alrededor con algo de desconfianza. Sonrió, ____ amaba las ardillas y siempre le decía a Tom que se parecía a una. Al principio a Tom no le hacía gracia, pero luego terminó por reírse cuando le decía Ardilla Kaulitz. Suspiró, a ese paso jamás se olvidaría de ella y terminaría siendo un solterón melancólico toda su vida.
No recordaba el camino de vuelta al apartamento, así que tuvo que preguntar. Muchos no lo tomaron en cuenta, lo empujaron o lo regañaron, pero algunos si se detuvieron a darle las instrucciones para volver. Claramente se compadecían de un pobre chico extranjero que no conocía la vida de Nueva York, alguna gente hostil pero algunos otros bastante amables. Tom volvió al apartamento cansado de tanto caminar, y algo estresado. La vida de esa ciudad era demasiado agitada, más que Alemania, y le estresaba bastante. Pero el resto del panorama de la ciudad le gustaba bastante. Se acostó temprano, no sin antes telefonear a su madre. Al día siguiente tenía universidad, y quizás era hora de comenzar a rehacer un poco su vida.
La alarma sonó, se levantó perezosamente y fue a tomar una ducha. No había comprado nada para la despensa, se maldijo por eso, pero decidió que en el camino tomaría algo para no desmayarse de fatiga. Caminó un poco y tomó un taxi, dándole las instrucciones del lugar. Miró todo el camino para memorizar donde tenía que ir. Era un tramo algo corto, quizás si podía caminar. Y quizás era la mejor opción, el tráfico de Nueva York era bastante estresante.
Llegó a un gran edificio, pagó al taxista y con algo de nervios se dirigió a la recepción otra vez. Lo mandaron con demasiadas personas, anduvo de allá a acá, hasta que le dieron su horario. La gente no lo miraba mucho, aunque algunos comentaban que era el día en que llegarían algunos de intercambio. Una novedad.
Se paseó buscando el salón correspondiente, hasta que topó con él. Se sentó en silencio, observando la gran cantidad de alumnos del salón. Se sintió un poco abrumado, pero alegre al mismo tiempo de poder cambiar de ambiente.
____ corrió hasta el salón de clases. Al mirar atrás, cuando casi botó a una chica en el camino, una cabellera con rastas rubias le sorprendió y prácticamente casi le dio un ataque al corazón. Miró atrás otra vez, pero no vio al de rastas. Mi imaginación comienza a traicionarme pensó. Suspiró largamente, y se metió en el salón que le tocaba. Olvidó el hecho de su “alucinación” y se dispuso a poner atención. Pero al rato, no pudo dejar de pensar en Tom. ¡Lo extrañaba tanto! Habían pasado casi cuatro meses, y no habían tenido ningún tipo de comunicación. Prácticamente hablaba con Jess para saber de él. Ni siquiera con su madre hablaba, era una vez al mes como máximo. Suspiró, en este momento ¿Qué estaría haciendo Tom? Probablemente estudiando, o en casa… dependiendo de que hora era en Alemania. Deseaba ver a Tom, pero era lo bastante cobarde como para no querer viajar a Alemania. Las heridas todavía estaban frescas, y cada noche una pesadilla la dejaba en vela, asustada de que toda la historia se repitiese. Ya no salía de noche, jamás. Solo cruzaba palabras con su padre, su hermana y una que otra chica en la universidad, ni siquiera con chicos. Les tenía miedo, incluso le asustaba andar sola a plena luz del día en calles concurridas. Era temerosa y desconfiaba de todos.
Le dolía que por culpa de algo que estaba fuera de sus manos, hubiese tenido que dejar a su novio así como así. Aunque quizás su decisión fue errónea, prefería evitarle el problema a Tom. Ella ponía siempre la felicidad de Tom por sobre la de ella, lo amaba lo suficiente como para que el fuera más importante que ella misma. Sabía y tenía más que claro que ella daría todo por él, y lo estaba haciendo. Si él se enterara de todo… sufriría, porque ella sabía que él la amaba como a nadie, siempre le había dicho que su felicidad, era la de él. Por lo tanto, su dolor, sería el de él. Suspiró cuando por fin tocaron el timbre y corrió fuera de la sala de clases. Se sentó en una mesa vacía de la cafetería, miró a su alrededor y se dispuso a comer su manzana, tratando de pasar desapercibida.
Por otra parte, Tom también se sentaba solo en la cafetería de la universidad. Había mucha gente, se sentía algo abrumado pero se había acostumbrado en la universidad de Alemania. Lo bueno de que hubiese tanta gente, es que podía pasar totalmente desapercibido. Y le gustaba, últimamente no quería que nadie se fijara en él.
-¿Disculpa? –una voz lo sacó de sus pensamientos. Levantó la vista. Una muchacha de cabello rubio largo y ondulado, unos ojos celestes grandes y con las pestañas largas y onduladas, sus labios rosados y pequeños y ampliados en una sonrisa. Delgada, piernas largas al descubierto pues llevaba un short y unas zapatillas púrpuras acompañando la tenida.
-¿Sí? –preguntó intentando sonar amable.
-¿Eres de los chicos de intercambio? –preguntó.
-Sí, soy de Alemania –dijo Tom con una sonrisa gentil. –me llamo Tom Kaulitz.
-Hola Tom –dijo sonriendo –me llamo Marie, yo soy de Nueva York –agregó riéndose. Su risa era bastante suave y dulce. Tom sonrió, le agradó la muchacha, aunque hace mucho que no hablaba con una chica que no conociera de hace mucho. -¿puedo sentarme? –preguntó.
-Claro, adelante –dijo él moviendo la silla con cortesía para que se sentara.
-¿No te molesta cierto? Intento ser cortés, te vi aquí solo, creí que nadie te había acogido… -sonrió en forma de disculpas por las posibles molestias.
-No –dijo Tom rápidamente –está bien, gracias –dijo él –eres muy amable Marie, y dime ¿estamos en la misma clase?
-Sí, en las dos que pasaron por lo menos –dijo ella riendo suavemente. Era muy adorable su risa, y ella era bastante amable. Por la mente de Tom pasó la posibilidad de rehacer su vida quizás… aunque pensara que no era posible, quizás debía torcer la mano al destino e intentarlo. –supongo que tenemos la misma edad. ¿Dieciocho?
-Exacto –dijo sonriendo, hace mucho que no le sonreía a una desconocida. –diría que tienes dieciséis si no supiera tu edad –agregó.
-¿Tan pequeña me veo? –preguntó ella divertida.
-Tienes rostro de niña –dijo Tom mientras tomaba un sorbo de refresco, que acababa de abrir mientras jugaba con la tapa.
-Me lo han dicho –dijo ella, mientras abría un paquete de gomitas. -¿quieres?
-¿Son panditas? Las amo –admitió Tom. Sacó una y se la echó a la boca.
-Son mis favoritas –dijo ella.
-Las mías también –dijo él divertido. Miró su refresco durante unos segundos. Como si el destino no quisiese que su mirada se dirigiera hacia la muchacha que acababa de pasar frente a él. Si tan solo hubiese mirado, todo habría cambiado en esa milésima de segundo. ____ acababa de pasar frente a la mesa de una muchacha rubia y un chico que charlaban animados. Se había fijado en las gomitas que ella había estado comiendo, Panditas. Las favoritas de Tom, pensó con melancolía.
De vuelta a las clases, Tom fue junto con Marie. Les tocaba en diferentes, pero las salas estaban una junto a la otra. El de rastas se despidió con una sonrisa y un beso en la mejilla de la rubia, y ella le dio una sonrisa.
_____ vio a su compañera de asiento en esa clase llegar. Marie, era su nombre al parecer. Era una chica rubia con rostro de niña, pero extremadamente hermosa.
-Hola ____ -le dijo con una sonrisa.
-Hola Marie –dijo ella esperando no haberse equivocado de nombre. Al parecer no, pues ella se dispuso a decir otra cosa.
-Conocí a uno de los chicos de intercambio –comentó la rubia –es un aleman, está para morirse ____ -dijo la rubia. Los alemanes son para morirse pensó ____. –es muy bonito, ojos cafeces ambar grandes, muy alto y el cabello lleno de rastas rubias. –el corazón de ___ se paró durante unos segundos. No, Tom no podía estar en USA. Tom estaba a kilómetros, cruzando el continente, alemania.
-¿Ah sí? –preguntó intentando sonar calmada. -¿y cómo se llama?
-Tom… no estoy segura de su apellido –comentó la muchacha. No, tenía que ser tan solo una fea coincidencia. Era imposible, Tom había postulado a la universidad de Alemania, debía estar estudiando allá. Ni siquiera sabía la ubicación de ____, tampoco era posible que la hubiese ido a buscar. Quizás tan solo eran un montón de consecuencias.
-Ah… ¿y qué charlaron? –preguntó sintiendo sus manos temblar. Su frente estaba empapada en sudor, pues se había puesto demasiado nerviosa.
-Mhm, nada, comentó que era de Alemania y que se había ganado una beca de intercambio, ah y justamente estaba comiendo gomitas Panditas, ya sabes, me encantan, y el dijo que eran sus favoritas. –dijo ella. Justamente el profesor llegó y ambas se quedaron calladas. ____ estaba congelada, eran demasiadas coincidencias a su gusto. Y el chico del cabello lleno de rastas rubias que creyó haber imaginado… sintió que comenzaba a sudar, sintió su corazón palpitar desbocado. No, quizás estaba alucinando.
Ese día se fue a su casa intranquila. Sentía que todos la miraban, o que chocaría de frente con Tom. Aunque no estuviese segura de que fuese él. Suspiró cuando llegó a su casa y por fin cayó en su cama, sin decirle nada a nadie. Si Tom estaba ahí, no había mucho que pensar. Sabía que apenas lo viera su fortaleza, aquella que utilizó para huir de Alemania, caería y se lanzaría a sus brazos a decirle que lo ama.
Finalmente, intranquila, se quedó totalmente dormida.

Capítulo 5
Tom esa mañana se levantó de mejor ánimo. Marie y él habían ido a un Starbucks a charlar, y le pareció alguien agradable y fácil de tratar. Cuando le preguntó acerca de sus novias, omitió el nombre de ____, solo dijo.
-Un caballero no tiene memoria.
Así que se llenó de optimismo, y marchó a clases con una sonrisa. Había intentando bloquear totalmente a ____ de su mente, así no terminaría totalmente deprimido en su ya tercer día de clases. Se arregló un poco, se puso su perfume favorito y salió. Ahora le parecía más fácil llegar.
Era divertido, ____ había estado sugestionada por nada, según ella. Al no encontrarse con Tom el segundo día, creyó que el tipo que Marie había descrito no era más que una mera coincidencia. No sabía lo equivocada que estaba.
Ese día llegó más temprano, y se sentó adelante en la clase. Su I-Pod estaba reproduciendo Stereo Hearts, se sintió algo extraña. Tom, en cualquier canción, venía a su cabeza. Todo lo que hablase de amor, de un beso o solo de una pareja, la hacía recordar a su chico de rastas rubias favorito. Suspiró, percatarse que lo necesitaba tanto le dolía. Y se odiaba a sí misma sabiendo que antes jamás le había puesto atención, más que para llamarlo su mejor amigo. Tom era mucho más que eso, él era mil veces más.
El profesor llegó. Tenía que comprobar que estuvieran todos, porque habían hecho pequeños cambios de clase. Ella espero su nombre, era una de las últimas. Pero, un nombre que no estaba anteriormente, la congeló de pies a cabeza.
-Tom Kaulitz Trumper.
-Presente. –la voz grave la tenía al borde del desmayo. No, eso no había sido una alucinación. Era Tom, y estaba exactamente en la misma clase que ella.
-______ ______ Sullivan
-Presente.
Tom sintió que la sangre se le esfumaba, al igual que el aire. No era posible. No podía ser que fuera un coincidencia, no, no lo era. Su voz, era imposible de confundir. Era su voz, aquella suave y melodiosa voz que había deseado con tantas ansias escuchar. Ella estaba ahí.
_____ se atrevió por fin a voltear, intentó pasar desapercibida, pero un mal cálculo logró solamente que su mirada chocara con un par de ojos ambarinos que conocía desde hace muchísimo tiempo.
Era ella, lo estaba observando. La vio voltear bruscamente. Pero la había visto, su mirada estaba ahí, era ella, hermosa y perfecta. Lo único que ahora lograba ver, era su cabello largo caer por su espalda, ella estaba levemente recostada en la mesa. No podía creerlo. ¿Era ella o una mala pasada de su imaginación? No, no podía ser una alucinación tan real. Sentía que la clase se le hacía eterna. ¿Qué le diría? No sabía, solo tenía claro que correría hacia ella apenas terminara la maldita clase. El salón era inclinado, es decir, el profesor estaba en lo más bajo, y los puestos iban por filas que subían y lo dejaba como una especie de mini teatro. Y el tenía toda la vista de ella abajo. Necesitaba hablarle, sentía que la desesperación y las ansias lo carcomían. Estaba congelado, pero a la vez tan ansioso de correr hacia ella, aunque no tuviera idea el porqué de todo, necesitaba solo verla de cerca, recordar que todo había sido real. Recordó entonces que ____ una vez le había contado que su padre vivía en Nueva York. ¡Cómo no lo había pensado! Había sido un imbécil. Fuera de Alemania, era casi obvio que se iría a USA con su padre. Se sintió un completo tarado.
_____ no quería que la hora llegara. Quería que la maldita clase jamás terminara. Tenía miedo, sabía que iba a correr y que se escondería y probablemente se ocultara de Tom hasta que pudiese. Aunque sabía que era una misión casi imposible.
El timbre sonó cuando menos se lo esperaban, ____, quien tenía sus cosas guardadas hace cinco minutos, corrió de allí. Gracias a Dios, la multitud aún no salía. Corrió rápidamente. Tom la perdió de vista. Guardó de golpe sus cosas, la vio correr fuera de la sala, pero la multitud le impedía pasar.
-Con permiso –decía desesperado. La vio dar la vuelta. Hacia dónde, no sabía. No conocía el campus. Así que solo corrió hacia allá y dio la vuelta. Marie se cruzó en su camino, pero el le dijo que estaba un poco apurado, así que intentó buscar por todos lados. Al cabo de quince minutos, aún no la encontraba y comenzaba a pensar que se había vuelto loco y habían sido solo alucinaciones. Pero al cruzar uno de los patios y dar la vuelta por uno de los costados del edificio, el corazón se le paró y volvió a latir fuerte.
_____ se había ocultado en aquel solitario lugar al costado del edificio de ciencias físicas. Era solitario, y podía llorar tranquila cuando lo necesitaba. Tal como ahora. Era Tom, y sabía que tarde o temprano la iba a encontrar. Mas temprano que tarde. Comenzó a derramar lágrimas, mientras miraba el verde césped. Miró ahora al cielo nublado y rompió a llorar con más fuerza. Era él, después de todo, estaba ahí. O el destino era muy cruel, o Tom había ido por ella. Desechó la segunda, nadie sabía donde ella estaba. Sí, el destino era lo bastante cruel como para jugarle aquella mala pasada.
Entonces, alguien interrumpió sus pensamientos y fue a quien menos quería encontrarse.
-¿_____? –levantó la mirada y esa luz ambarina que brillaba en sus ojos le congeló el cuerpo.


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